El primer miembro de la leal oposición al benchmarking fue, seguramente, nada menos que Mark Twain. “El mejor espadachín del mundo no necesita temer al segundo mejor espadachín del mundo -escribió Twain-. No, la persona de la que tiene que tener miedo es de cualquier antagonista ignorante que nunca haya tenido una espada en sus manos; no hace las cosas que debería hacer y, por tanto, el experto no está preparado para luchar contra él; hace lo que no debería hacer y, a menudo, pilla al experto en un renuncio y termina con él en el acto”.
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La excelencia empresarial en una era perturbadora
Tom Peters
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