¿Qué otras tendencias existen actualmente? A continuación cito algunas de las que he ido observando.
-Mayor atención al hecho de conectar diferentes agendas y políticas culturales, sociales, económicas y medioambientales.
-El creciente reconocimiento de la importancia de las redes de autoaprendizaje.
-La necesidad de conocer nuevos patrones de consumo cultural.
-La combinación de cultura y tecnología.
-Las importantes implicaciones de transmisión y procesamiento de los flujos de información.
-Un mayor diálogo y reflexión sobre los valores culturales y la vida cultural (“reflexividad cultural”).
-Un mayor interés por los sistemas de toma de decisiones evolutivos (orgánicos, distribuidos, descentralizados).
-Más investigación sobre el seguimiento y la mediación de nuevas y sofisticadas formas de actuación, con especial atención a la sostenibilidad.
-Interés por incrementar la capacitación y por ampliar y explotar el potencial creativo.
-En algunos países, la creación de nuevos organismos de desarrollo encargados de la planificación cultural, por ejemplo, en el Reino Unido, con organizaciones y consorcios culturales u organismos de empresas culturales.
-La introducción de nuevos sistemas de estrategias como herramienta de planificación y de políticas.
-El valor de estrechar vínculos entre el desarrollo cultural y la paz mundial.
¿Cuáles son las implicaciones de estos cambios para los trabajadores culturales, los planificadores culturales y la planificación cultural?
Necesitamos:
-Adoptar definiciones y un conocimiento más amplios de la cultura, borrando las diferencias entre diferentes sectores artísticos y pensando más en el arte interdisciplinario, los nuevos medios de comunicación, las artes electrónicas y digitales.
-Prestar más atención a cuestiones relacionadas con la diversidad y el pluralismo cultural.
-Desarrollar metodologías culturales de detección y de estrategias culturales más sofisticadas.
-Entender la cultura más como un “sistema total”.
-Considerar nuevas formas de planificación y de toma de decisiones colectivas dirigidas a movilizar y dar energía a un amplio número de partes interesadas.
-Dar prioridad a una base más sólida y más convincente de evidencias empíricas relacionadas con la planificación cultural, con vínculos con la planificación económica, la planificación social y la planificación medioambiental.
-Esto implica reforzar las habilidades y el conocimiento profesionales y la necesidad de más programas de formación y programas de desarrollo de liderazgo cultural.
-Mayor atención al hecho de conectar diferentes agendas y políticas culturales, sociales, económicas y medioambientales.
-El creciente reconocimiento de la importancia de las redes de autoaprendizaje.
-La necesidad de conocer nuevos patrones de consumo cultural.
-La combinación de cultura y tecnología.
-Las importantes implicaciones de transmisión y procesamiento de los flujos de información.
-Un mayor diálogo y reflexión sobre los valores culturales y la vida cultural (“reflexividad cultural”).
-Un mayor interés por los sistemas de toma de decisiones evolutivos (orgánicos, distribuidos, descentralizados).
-Más investigación sobre el seguimiento y la mediación de nuevas y sofisticadas formas de actuación, con especial atención a la sostenibilidad.
-Interés por incrementar la capacitación y por ampliar y explotar el potencial creativo.
-En algunos países, la creación de nuevos organismos de desarrollo encargados de la planificación cultural, por ejemplo, en el Reino Unido, con organizaciones y consorcios culturales u organismos de empresas culturales.
-La introducción de nuevos sistemas de estrategias como herramienta de planificación y de políticas.
-El valor de estrechar vínculos entre el desarrollo cultural y la paz mundial.
¿Cuáles son las implicaciones de estos cambios para los trabajadores culturales, los planificadores culturales y la planificación cultural?
Necesitamos:
-Adoptar definiciones y un conocimiento más amplios de la cultura, borrando las diferencias entre diferentes sectores artísticos y pensando más en el arte interdisciplinario, los nuevos medios de comunicación, las artes electrónicas y digitales.
-Prestar más atención a cuestiones relacionadas con la diversidad y el pluralismo cultural.
-Desarrollar metodologías culturales de detección y de estrategias culturales más sofisticadas.
-Entender la cultura más como un “sistema total”.
-Considerar nuevas formas de planificación y de toma de decisiones colectivas dirigidas a movilizar y dar energía a un amplio número de partes interesadas.
-Dar prioridad a una base más sólida y más convincente de evidencias empíricas relacionadas con la planificación cultural, con vínculos con la planificación económica, la planificación social y la planificación medioambiental.
-Esto implica reforzar las habilidades y el conocimiento profesionales y la necesidad de más programas de formación y programas de desarrollo de liderazgo cultural.
Robert Palmer, asesor internacional de proyectos culturales, en Interacció’04